Tripas doradas (1)
- J.R.Infante

- hace 17 horas
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Llegué corriendo y sudoroso hasta el lugar donde estaba aquella pareja y casi sin aliento, les dije:—¡Escondedme, por la virgen!, me persiguen los maderos.
La mujer dejó al lado de una muleta la botella de cerveza, miró a su compañero y me preguntó:
—¿Qué te pasa colega? ¿Has robao un banco?
—¡Déjate de leches, tú! ¿Dónde me meto? ⸺le contesté.
—Pues como no me baje el vaquero y te meta en las bragas…
—¡Eh! ⸺gritó otro⸺ ¡Ven aquí!
Me acerqué hasta una pileta circular, llena de agua, en la que dos enormes perros jugueteaban con unas naranjas.
—¿Sabes nadar? ⸺me preguntó el individuo.
—Cuando chico iba a la piscina.
—¿A la piscina? ¡Anda, da igual! ¡Métete ahí dentro y bucea!
—¡Ahí! ¿Con los perros?
—No te van a comer, pero como lleguen los maderos, sea lo que sea lo que hayas hecho, se te caerá el pelo.
—El agua estará fría.
—¡Da igual, cojones! Así te lavas la camisa.
Pude oír las sirenas de las motos.
—¡Métete ya, desgraciao! ⸺me gritó la mujer.
No me lo pensé más, levanté una pierna, luego la otra, me senté en el borde de la fuente y me dejé escurrir. Enseguida los dos perros se vinieron hacia mí como si fuese un juguete nuevo que acababa de entregarles su dueño para que se entretuviesen. Se oyó el estampido de un cohete, me asusté y me sumergí en aquel caldo húmedo donde las plumas de las palomas y tórtolas competían con las bolsas de plástico y las naranjas. Los dos lanudos canes colaboraban a su manera evitando que sacase la cabeza al exterior. La mujer aumentó el volumen de la radio que tenía en el banco, supongo que para llamar la atención de los agentes del orden.
—¡Hola Luís! ¡Cuánto tiempo sin verte! ⸺oí que le decía a uno de ellos.
—¿Qué te pasa, Tona, se te ha infectado una uña?
—¡Qué gracioso! ¿A qué se debe el honor?
—Pues ya ves, pasábamos por aquí y dijimos: seguro que la Tona tiene una cerveza fresquita para invitarnos.
—Ahí la tienes, échale un tiento al vidrio.
—Vamos a dejarnos de cumplidos. Buscamos a uno con las manos más largas de lo debido.
—¿Qué ha hecho?
—Sustraer un colgante.
—¡Uy, qué fino!
—¡Tona!
—¡Oye, oye!, aquí no sabemos nada. Y digo yo, Luís, ¿tanta bulla por un colgajo?
—Así es Tona, sobre todo cuando lo lucía una santa.
—¡Ahí te quiero ver! ¡Con la Iglesia hemos topado! Como te digo éste y yo reposamos nuestros huesos con musiquita cañera de compaña pa combatir el calor y ya está. Problemas los que me dan mis hijos.
—La madre que te parió ¿desde cuándo tienes tú hijos?
—Es un decir, Luís, joé, que no se puede una explayá ¿o qué?
—¿Podemos mirar?
—¡Qué educado!, mira…Allí en el rincón tenemos lo último de LoMónaco que nos trajeron ayer tarde y en el patio, al lado del naranjo tengo colgado el traje de fiesta. Cierra la puerta al salir, que hay corriente.
.../...


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