LA NIÑA, LLORO INÉS
- eleachege
- 6 feb 2023
- 2 Min. de lectura
Lloro Inés nació como un gesto noble de la Providencia y murió aún niña, sin conocer lo desconocido para ella.
Juan y su esposa llevaban cinco años de casados, pero sus gametos eran incapaces de amarse.
Se rozaban, pero no habían logrado ese punto de excitación y gravitación para fusionarse
Juan y su esposa subsistían en la comunidad de un paraje del bajo andino, lejano a la civilización sanitaria y forense.
Vivían en soledad
El furor de las querencias de los primeros años se alejaba
Hacía falta un hijo para reencontrarse
Juan con el descontento se había asociado al alcohol y al consumo y tráfico de droga en poca escala.
Un día se apareció en casa con un cachorro Pit Bull Terrier
Se lo habían regalado no se sabía con qué intención
El acto coincidió con un gesto amable de la Providencia
La esposa se embarazó y nació una niña
Pero Rollo celaba el orgullo aún en gestación y creía tener razones.
Lloro Inés crecía y a la vez florecía.
Ella reía y él la miraba
Rollo era inteligente
Convivía dentro de la casa y había aprendido a servirse la comida y cepillarse los dientes.
Poco le faltaba para hablar
Balbuceaba, pero mejor hablaba con la mirada
Juan algo lejano y cerca de un arroyo, lo amaestraba en cosas malas de sufrimiento y muerte a otros seres.
Era como una forma de escape a lo amenazante de su vida
Tenía problemas y peor aún, deudas narcóticas que pagar
Por razones obvias a Rollo lo alojaron en el patio
Astuto, asimiló el golpe pero estaba preparado para cobrar.
El Chato que así le llamaban, tenía un dilema
Estaba acosado y en la mira de la policía por narco y asesinatos aun no probados
Tenía que cobrar deudas de drogas, porque si no se convertía en victima
“El crimen no paga” y el cartel no perdona.
Muerte segura porque adiestraban a otro.
Por igual, si Juan no pagaba sus deudas a tiempo, le cobran su vida o una cercana
—Juan tienes una niña muy hermosa, Lloro Inés, cierto, que lindo le quedaría un collar rojo al cuello.
Aquel trágico día, Lloro Inés en su inocencia, sentía unas tenazas filosas que sujetaban su cuello.
Parecían cuchillos
Desangraba murió sin conocer lo desconocido para ella
En el jardín de la casa la encontraron
Juan confesó.
Pagaría su pena con obras sociales y la promesa de regenerarse del vicio.
Al Chato lo enviaron a la ciudad, condenado a prisión por el crimen.
Ese mismo día y algo después de aquel momento, Rollo fue a orillas del arroyo y lavó sus fauces y su trompa.

Este texto me recuerda a algo que he leído, pero no estoy seguro de qué podrá ser.