El mundo nos espera (y 3)
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Paco se presentó en las puertas del banco con los números muy claros y la frente despejada para dar el paso definitivo. Al llegar se encontró un revuelo poco habitual. Preguntó. Nadie sabía que pasaba, pero lo cierto es que estaba cerrado y por tanto se esfumaba la posibilidad de lograr su objetivo. Ignoraba que podía pasar, se tuvo que volver al supermercado y en el transcurso de la mañana se fue enterando que había problemas en la banca, que habían retenido los fondos y que los clientes no podían de momento, disponer de ellos. Se le caían las estanterías encima conforme iban avanzando las agujas del reloj.
—¿Qué te pasa, Paco? ⸺le dijo Blanca.
—No me dejan manejar mi dinero.
—¡Qué putada! ¿Y qué vas a hacer?
—No rendirme.
En la hora del almuerzo intentó en varios cajeros obtener fondos y apenas le daban una limosna de su propio dinero. Tenía pedido los días, había conseguido convencer a otros compañeros para que le cuadrasen, con la connivencia del encargado, con el visto bueno de sus padres, con el beneplácito de su cuñado que accedió a dejarle furgoneta sin coste alguno, siempre que pasease el teléfono de la empresa por allí donde fuera. No hubo arreglo; el banco alargó los plazos en la resolución del conflicto y un año más, Paco se quedó sin vacaciones y por el momento, sin dinero.
—Lo siento Paco ⸺le dijo Blanca.
—No importa, seguiré batallando, ¿y tu película?
—Ayer me dijeron que no pasé la última prueba.
—¡Joder!
—Pero no importa, voy a seguir igual, tragándome cientos de películas para seguir aprendiendo y echando currículos por todas partes.
—¡Ya! ¿Y te piensas quedar con los pelos rojos?
—¡Hombre!, luego del esfuerzo que supuso la prueba del encargado…
—¡Ja,ja! Desde luego no sé ni como nos reímos con la ruina que tenemos en lo alto.
—Qué quieres que te diga, muchacho, de momento seguimos contentos con el curro, un plato de comida y un techo ¿te parece poco?
—Pues sí.
Paco se acordó de una vieja cámara doméstica que nadie usaba en su casa y le propuso a Blanca que dada su afición al cine, su nuevo look y el cúmulo de acontecimientos que les estaban ocurriendo a los dos ¿qué tal si aprovechaban los ratos libres y se dedicaban a grabar?
—Blanca, dime una cosa ¿tú tienes novio?
—¿Por qué me preguntas eso?
—Ya te enterarás ¿lo tienes o no?
—No lo tengo, tonto, ¿por qué te interesa?
Cada rato que se veían, incluidos los días libres, lo dedicaron a poner un poco de orden en lo que pasaba en la puerta de los bancos, en el interior del supermercado, en la plazoleta, en las casas de compra-venta de vehículos usados. Él la grababa a ella; ella lo grababa a él y a los dos lo grabaron sus compañeros y amigos. Se machacaron los sesos esbozando un guión, tiraron a la basura una docena de cintas y al final se quedaron con un corto de tres minutos que colgaron en YouTube con derechos de autor. Crearon un sitio web y esperaron acontecimientos. Durante un par de semanas se encontraron por las mañanas y no se atrevían a preguntarse nada.
—¿Cuándo vas a cambiar el luck?
—Un día de estos.
—¿Es una promesa?
—¿Cómo lo sabes?
—Soy adivino.
—¡Ja,ja,ja!
A la tercera semana, Paco, llamó a Blanca:
—¿Has entrado en la página?
—Casi no me atrevo, me da miedo.
—¡Hazlo!
—Pero qué pesado, ¡dime algo!
—Ni lo sueñes, entra.
La web era una río desbocado de gente que no paraba de hacer comentarios. El video subía por minutos en la lista de os más visitados. Muy pronto Blanca y Paco pasaron a ser los empleados más conocidos del supermercado, no solo porque sus compañeros no dejaban de felicitarles, sino porque la propia clientela preguntaba cada día quienes eran los protagonistas de esa película que estaba arrasando en interné. Triunfaron. Dejaron aquella tienda que rezumaba filmografía y se establecieron por su cuenta montando un estudio desde el que producían películas cortas que a través de interné llegaban a la televisión y ahora si trabajaban codo con codo: Blanca a la espera del gran salto pero disfrutando de sus montajes y Paco con el autocar en la puerta, preparado y dispuesto para tomarse unas largas vacaciones alrededor del mundo, eso sí, ya nunca dejaría atrás su cámara, ni la estela de la primera actriz de su compañía: Blanca Sigler.
J.R.Infante



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